sábado, 19 de mayo de 2018

Aforismos XXXXI



Imaginaos a un pato perfeccionando “el pato a la naranja”. Pues el hombre no hace otra cosa.

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De esas veces que estornudas, te sale algo por la boca y no sabes dónde ha ido a parar… y ves algo familiar en la situación.

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Hay personas que se dedican a escalar montañas de alturas vertiginosas y otras a comprarse el automóvil más caro del momento y otras… Eso es así, no hay que darle más vueltas.

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La flecha le atravesó de parte a parte y supo que iba a morir. Le consoló pensar en aquella última mirada que lo había tenido en cuenta antes de liberar la flecha.

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¡Qué tontería decir “lo peor ha pasado ya”! Lo peor es lo último que pasa.

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Enseñanzas del cangrejo
2) Es el único animal que al encontrarse con una pared puede seguir de frente.

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Los que tienen una FE ven la incredulidad como una amenaza e intentan prohibirla. Nunca combatirla. Porque para que haya guerra se necesita otra FE.

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Las ideologías son las religiones que te ofrecen el paraíso aquí en la Tierra. Y claro, así, no se puede engañar a la gente dos mil años.

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"Estarás como en tu casa" siempre ha sido un apocope.

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Entretenerse no es malo. Confundirlo con vivir tampoco pero da pena.

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Suele suceder que a veces amarramos en bolardos que no han acabado su singladura.

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Si vas por tu cuenta, no cuentes con el rebaño. Y tiene su lógica.

viernes, 20 de abril de 2018

Lobos y ovejas y viceversa





Fue una noche de lo más ajetreada. Bueno, como todas. Pero esta me ratificó en mi esperanza con el hombre.
Bueno, más que en el hombre, en el lobo. Yo me entiendo.
Habíamos atendido tres casos de gripe, una agresión normal, dos de género, una de vecino, dos caídas y dos decepciones, cuando en urgencias apareció el lobo con la oveja.
Mientras todos estábamos con la boca abierta, Luis dijo,
-Menos mal que no es un cordero.
Pero se notaba que él también estaba boquiabierto.
-A ver, ¿Qué le pasa?- dijo Matilde.
-Pero, ¿Qué dices?- se sorprendió Isabel- ¡Que es un lobo!
-¿Y qué quieres que le diga?- se defendió aquella.
Lo sorprendente es que el lobo soltó,
-Tiene fiebre y le dan convulsiones. Y no está preñada.
Y ahí estaba Matilde, tomando nota.
-Pero Mati, ¿Tú, esto lo encuentras normal?- insistió Isabel.
-¿A ti que te parece?- respondió Matilde
-Como estás tomando nota- se extrañó Isabel.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué me sorprenda de ver a un lobo en urgencias? ¿Qué me sorprenda de que llegue acompañado de una oveja? ¿Qué me sorprenda de que hable? ¿Qué me sorprenda de que sea educado? ¿O que me sorprenda de que sepa lo que es estar preñada?
Se notaba que Matilde era delegada sindical.
-¿O que se sorprenda de que en vez de estar comiéndosela esté aquí para que le echemos un vistazo?- tercié yo, que era el médico esa noche.
Así que siguió con el registro.
Luis dijo,
-¿Y si todos dejamos de comportarnos como paletos? Seguro que no es la primera vez que pasa esto.
-¿Seguro?- dijo Isabel.
-Pues casi seguro- apunto Luis que nunca daba así como así su brazo a torcer.
-Nombre- pidió Matilde.
-Lobo- dijo el lobo.
-Lobo, ¿Qué?, tendrá un apellido- exigió Matilde.
-Lobo Lobo- dijo el lobo.
-Y de segundo apellido Lobo, seguro- terció Isabel con sorna.
-No sé si se dan cuenta de la situación en que estamos. Esto es urgencias, señores. Se atienden casos graves- dijo el lobo educadamente.
-Esta sí que es buena- explotó Matilde- O sea no sólo aparece por urgencias con una oveja, siendo usted un lobo, si no que pretende dar lecciones. ¡Por Dios!
Y dio un golpe en la mesa.
-Tranquilízate, Mati, que como enseñe las fauces… - intente poner calma en el asunto.
Pero Matilde ya estaba lanzada,
-Usted se cree que puede aparecer por aquí y así, y que todo siga normal. Por lo menos admita que hemos sabido encajar la situación. ¿Ella puede hablar?- preguntó, indicando a la oveja.
-¿Cómo va a hablar si es una oveja?- dijo el lobo.
-Lo que me faltaba- casi gritó Matilde y se levantó como solía hacerlo en la mesa de negociaciones, para volver a sentarse a continuación.
-Esto puede ser que tenga algo que ver con el género, maltrato, abuso o algo- insinúo Luis.
-Será especie, en todo caso- aclaró Isabel.
-Se dan cuenta de que están hablando de nosotros como si no estuviéramos- apuntó el lobo.
-¡Qué poco respeto! ¿Verdad?- dijo Matilde.
-Ya estoy mejor- dijo en ese momento la oveja- Vámonos.
Por primera vez el lobo se mostró confuso. Como si nunca hubiera oído la voz de la oveja.
Mientras Matilde se puso a escribir,
-A tantos de tanto a las tantas de la noche, acude a urgencias Lobo Lobo Lobo acompañando a Oveja Oveja Oveja que presenta un cuadro de fiebre y convulsiones. No parece grave. Mientras se toma nota del ingreso, Oveja Oveja Oveja muestra indicios de recuperación y deciden volver a su casa.
Y me pasa el informe para que lo firme.
-Tú no estás bien de la cabeza- le recrimino.
-Lo sé, ya me he dado cuenta- admite.
Le pone el sello al papel, hace una copia y se la entrega al lobo.
-¡Ale!- anima Matilde.
-¿Y ya está?- pregunta el lobo- ¿No nos hacen alguna receta?
-Pero si ya está bien- dice Isabel.
El lobo se vuelve hacia la oveja,
-¿Estás segura? Mira que tú con tal de no entrar en un hospital…
En ese momento la oveja se pone a dos patas y hace unas cabriolas.
-¿Ves? Estoy estupendamente.
-Como una cabra- dice por lo bajo Luis.
A nuestra espalda ha parecido la Inspectora. Como suele ser habitual.
-¡Hola! ¿Qué pasa aquí?
La sorpresa es tremenda. Nunca a horas tan intempestivas la Inspectora se había presentado allí.
-¿No estarás controlándonos, verdad?- salta Matilde- Ya sabes que en el último convenio…
Pero la Inspectora no les quita ojo al lobo y a la oveja.
-¿Y estos?
-Ya se iban- digo yo.
Está bastante impresionada. No sabe qué hacer. Se inclina sobre el mostrador.
-¿Qué busca? ¿Lobitos? ¿Corderitos? ¿Lobitocorderitos?- se burla Isabel.
No se le ocurre otra cosa que decir que,
-¿Y el peligro de contagio?
Me mira como responsable del equipo.
-De usted no me sorprende ya nada. Mire, que lo encuentro hasta normal.
Todo el mundo en el hospital sabe lo nuestro. La denuncie por acoso sexual y desde entonces…
-¿Van a ingresar? – pregunta.
-No, ya se ha recuperado- le digo- La oveja que tenía fiebre y convulsiones. Algún episodio…
-¿Episodio? ¿Se cree que esto es una serie?- se sulfura.
-No, pero casi- dice Luis.
-En fin- dice el lobo- Nosotros nos vamos. Me alegro de que todo haya sido una falsa alarma, porque si llega a tener algo malo, la pobre la palma aquí mismo. Vamos- le dice a la oveja.
Los vemos alejarse. Ella trota mansamente detrás de él. Se introducen en un
cuatro por cuatro. Vemos en silencio como se alejan.
-Si no lo veo no lo creo- dice Matilde.
-Como se les notaba- añade Isabel.
-Pero, ¿Estáis seguros?- pregunta Luis.
-¡Hombre y tan seguros! Lo estoy yo que sólo los he visto unos segundos- dice la Inspectora.
-Me gustaría seguirlos, ver a donde van, cómo es su vida diaria. Si tienen vecinos, si tienen hijos- digo yo que algunas veces de sentimental, parezco tonto.
-Y tenían pinta de ser jóvenes- dice Isabel.
-Pues jóvenes y todo, ya se les nota. Hay cosas que nunca cambiaran- aseguró Matilde.
-Eso, con una buena educación, se arreglaría- dice la Inspectora.
Aquí salto yo que tuve que sufrir su furor uterino durante meses.
-Pues usted, educación recibió y le sirvió de bien poco.
Solloza.
-No vuelvo más por aquí a estas horas. Hace una el esfuerzo y se le paga de esta forma.
-Eso, no vuelva- dice Luis, cuando ya se ha ido.
-¿A dónde irá a estas horas?
-A donde quiera, sitios tiene. Sin embargo, ellos, ¿A dónde van tan jóvenes, tan desvalidos y sin embargo, tan atrapados, lobo él, oveja ella?- dice pensativa Isabel.
Isabel, que si hubiera sido por ella, los hubiera ingresado y los hubiera mantenido ingresados hasta convertirlos en un hombre y una mujer, jóvenes los dos, con toda la vida por delante.
Ya sé que este pensamiento no vale para nada pero cuando lo tengo me reconcilia con la vida.
Qué noche.
Y es que se veía claramente que eran un lobo y una oveja.
Y ellos sin saberlo.
A saber a qué estarían jugando.

sábado, 17 de febrero de 2018

Aforismos XXXX




Enseñanzas del cangrejo
1) El cangrejo es optimista. Sin mirar se compromete.

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¿Con cuántas cosas de la vida no nos pasará lo mismo que una reproducción en 3D, que si ni nos lo dicen, la vemos en 2D?

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Las ideas son muy fértiles en excusas, porque para llegar a ideas se han aprendido muy bien el terreno.

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Mañana tiene el atractivo de no ser hoy. Y ayer, la pesadumbre de haberlo sido.


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Hay preguntas que dejan para las respuestas sólo el matiz.

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Una diferencia importante entre la izquierda y la derecha, es que mientras aquella ha creado religiones, ésta siempre ha aprovechado la que había en el momento.


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Entretener no es tener. Por eso hay tanta gente entreteniendo y tan poca dando.


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¿Cuánto costaría mantener una cárcel del tamaño de New York? ¡Qué buena carcelera es la esperanza!

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En una cadena de bondad, el eslabón más débil es la bondad de la cadena. Sin embargo en una cadena de maldad es el eslabón más malvado el que marca la maldad de la cadena. El porqué no lo sé.


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El sentido es la vista, no la mirada.

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Se sueña en blanco y negro porque en nuestra mente nunca luce el Sol.


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Si acudimos a un baile de disfraces sin mascara, admitamos que vamos a ser los más disfrazados.

domingo, 11 de febrero de 2018

Nostalgia (2ª parte)



Nada de eso despertó en mí preocupación. Sobre costumbres sexuales los seres humanos vamos servidos. Pero hubo un cambio alarmante la vez que después de follar y dormitar, me bajé de la cama y a cuatro patas me desplace hasta el cuarto de baño a mear. Ella, al verme, entre risas me imitó. No la dejé llegar al servicio y en el pasillo echamos un polvo tan apasionado que al sentir el golpeteo en la pared, pensé, al otro lado pensarían que tenemos un terremoto solo para nosotros.
Ella fue más precisa,
-Joder, parecemos animales.
No fue mi novia definitiva y se perdió en el tiempo. Seguramente ni se acuerda del hecho. Pero para mí se convirtió en el punto de no retorno, en rutina. Siempre tenía que ser así.
Y en función de cómo viera a mi acompañante de turno planteaba el asunto antes o después, con mayor o menor intensidad.
Era mi fantasía sexual hecha realidad. Andar erguido, vaya tontería. ¡Qué atraso! ¿Para qué? ¿No sería el andar erguido el comienzo de todas las desgracias acaecidas al ser humano?
Así podía suceder que me llevara a alguna amiga a casa y ya desde que poníamos el pie en la entrada  hasta que salíamos, en plan como de broma, debíamos andar a cuatro patas. Recuerdo una ocasión, bastante cargados, en que nos quitamos la ropa a dentelladas. Quitar unas hebillas de unas sandalias con los dientes es como para desalentar a cualquiera. Pues a mí me enfebreció más. Como si me enfrentara a toda la humanidad, empeñada en seguir el camino erróneo.
Lo que se despertó con mi necesidad sexual no paró de crecer y como vivía solo pues andar a cuatro patas por el piso se convirtió en mi forma habitual de desplazarme. Podía haber pasado el día de cualquier manera, estresado por una entrega inminente, aburrido por estar atravesando una época floja de ventas, lo que fuera. Era llegar a casa y ponerme a cuatro patas, previo abandono de la ropa en la entrada, de forma parecida a como cuando cansado te tiras en el sofá. Era una necesidad perentoria que iba más allá del descanso. No ver más que el suelo, el horizonte a cincuenta centímetros de ti, las manos ocupadas, el cuerpo apoyado en cuatro patas. Olvidado de ese ser erguido, en precario equilibrio que se cree el rey de la creación. Reintegrarse al mundo del que llegamos. Como mucho permanecer agachado, en cuclillas o tumbado. Nunca erguido. O sentado, haciendo un esfuerzo.
Erguidos. No me costaba nada ir por la calle y ver lo ridículos que estábamos todos erguidos. ¿Cómo no se daban cuenta todos?
Las mujeres, tan hermosas a cuatro patas, mostrando por detrás sus nalgas y su sexo, los pechos colgándoles y su cara, mirándote desafiadora desde la seguridad de estar apoyada en cuatro baluartes, esperándote para pasear, como perro y perra, caballo y yegua, o esperándote cuando por detrás te oye llegar y siente tu aliento caliente y ávido.
¿Qué hacen erguidas? Disimulando sus nalgas, sus pechos aplastados, abriéndose de piernas, bocarriba, en signo de rendición,  para que te pongas encima. Después ducharse y erguirse. Tremendo. ¿Hay algo más decadente? La ceremonia a un lado.
Esta decisión mía de vivir según mi deseo más intimo tenía evidentemente un problema. Vivir solo o encontrar a alguien con quien compartirlo.
No veía la razón de por qué mi inclinación había de condenarme  a vivir solo. No hacía daño a nadie y no tenía la intención de forzar a nadie a compartir mi vida. Tenía que encontrar a la persona adecuada.
Y convencerla.
A veces me mira, como dudando, peor verme tan equilibrado y sereno la ha convencido de que quizás yo tenga razón. Que nuestra costumbre no salga de entre nuestras paredes es la única condición que ha puesto. La he aceptado.
¿Qué otra cosa podía hacer?
Pienso mejor a cuatro patas, o creo que el cuerpo una vez pasada la extrañeza, agradece ese no erguirse. Que la columna se muestra agradecida por no tener que pasarse el día soportándose a sí misma y al cuerpo a la vez. Que el cerebro descansa pues entre otras cosas no tiene una función delicada y escogida para las manos. Eso libera mucha energía. Unas manos que por otro lado tampoco son tan necesarias como antes. ¿Dónde están aquellos oficios que antes se desempeñaban? La razón de esas calles que se llaman todavía de zapateros, encurtidores o barberos.
Quizás en algún momento de nuestra evolución fue necesario erguirse y darle a las manos la responsabilidad de exigir al cerebro más implicación pero eso ahora ya comienza a ser superfluo. Con un dedo en cada mano prácticamente se puede hacer todo lo necesario para sobrevivir en el mundo de hoy.
Esas consideraciones y otras le llueven como ideas aprisionadas que, cual caballos salvajes,  que ven abiertas las puertas del corral que durante el tiempo de andar erguidos han estado cerradas, ahora salen en estampida.
No me cabe la menor duda de la conveniencia de andar a cuatro patas. Más de una vez he debido ausentarme de reuniones, ante una duda o una decisión, para en privado ponerme en esa posición y pensar sobre ello. Una vez adoptada la postura, la mente ha fluido y en pocos segundos he dado con la respuesta. Siempre la mejor respuesta.
Así que tengo pruebas.
Compartir ese descubrimiento, llevármelo a la tumba conmigo o intentar que el hallazgo se afiance en nuestro hijo y que él sea el que mantenga la batalla crucial son las opciones que se me ofrecen.
Según opte por un camino u otro, ustedes lo sabrán.
El plazo inmediato, el medio plazo o el plazo largo, uno de los tres, les indicará cual ha sido mi decisión.

FIN